Las huellas borradas: El misterio de la desaparición de la DEI (Diversidad, Equidad, Inclusión)

Era enero de 2025 y algo extraño ocurría en Estados Unidos. Las instituciones educativas, hospitales y empresas se encontraron repentinamente sin fon­dos ni programas dedicados a la diversidad, equidad, e inclusión (DEI). Donde antes abundaban extensas iniciati­vas destinadas a construir espacios más justos y diversos, ahora simplemente había silencio y confusión.

Era como entrar a una habitación donde todas las huellas de un trabajo cuidadosamente elaborado habían sido borradas por completo. Imagina ingresar en esta ha­bitación e investigar personalmente el extraño fenóme­no. Lo primero es mirar la escena desde lejos (zoom out) buscando algún indicio sobre qué ocurrió con las huellas; no pasó mucho tiempo antes de que dijeras «¡bingo!», la primera pista coincidía exactamente con el regreso polí­tico de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos (2017-2021; 2025-2029). Desde el primer día de su nuevo mandato, el presidente Trump firmó órdenes ejecutivas para eliminar todo programa dei financiado con recur­sos públicos afirmando: «This week, I will also end the government policy of trying to socially engineer race and gender into every aspect of public and private life» (The White House, 2025).

El contraste con la administración anterior es im­presionante. Durante el mandato de Joe Biden (2021- 2025), se invirtieron más de mil millones de dólares en programas DEI. Ahora, en pleno 2025, la intención declarada es que ese monto se reduzca a cero (King, 2024).

¿Esto cómo afecta a la gente común? Bueno, un posible acercamiento (zoom in), sería en la Universi­dad Estatal de Florida, donde encontramos una huella previa. En marzo de 2024, en cumplimiento con una ley estatal y la regulación 9.016 de la Junta de Gober­nadores de Florida sobre «gastos prohibidos», la uni­versidad eliminó todos los puestos DEI, cerró la oficina del jefe de Diversidad y canceló todos los contratos con proveedores externos relacionados con la inclu­sión. Asimismo, los centros de apoyo a estudiantes afroamericanos y latinos que antes ofrecían tutorías, consejería y espacios seguros para la expresión cultu­ral, cerraron sus puertas por falta de recursos (Neha­mas, 2023; Betts, 2024; Levesque, 2024). El mensaje fue claro: la prioridad ya no es la inclusión. Ron DeSan­tis, gobernador de Florida, celebró estas medidas alu­diendo: «Florida is where DEI goes to die» (Betts, 2024).

La regulación de Florida indica que las universida­des estatales tienen prohibido usar fondos guberna­mentales para promover iniciativas DEI: «[DEI is…] any program, campus activity or policy that classifies indi­viduals on the basis of race, color, sex, national origin, gender identity or sexual orientation, and promotes differential or preferential treatment of individuals on the basis of such classification» (Betts, 2024).

Para los críticos, los programas DEI son en sí mis­mos discriminatorios, porque hay personas que que­dan fuera de los subsidios en favor de otros grupos, ya que no todos cubren los requisitos de género o de raza (Betts, 2024).

Si hablamos del sector salud, se encuentran los «comités»: organismos ciudadanos que habían tra­bajado por varios años en reducir las disparidades para el acceso a tratamientos médicos y de cuidado preventivo. Sin embargo, sucedió algo muy similar: ¡sus huellas habían desaparecido! Antiguas páginas oficiales que antes mostraban orgullosamente térmi­nos como «equidad en salud» habían sido borradas por completo.

Algunos expertos médicos han revelado su preocu­pación por que, sin estos programas, muchas comuni­dades vulnerables —incluidas algunas rurales blan­cas—, podrían quedar desprotegidas. Por ejemplo, la Dra. Fola May de la Universidad de California señaló: «We have to recognize that disparities are affecting everyone, not just racial and ethnic minorities. I’ll give an example. White individuals that live in rural areas of the United States are less likely to get a screening test» (Noguchi, 2025).

No pasó mucho tiempo para que las empresas tecnológicas repitieran el patrón: Google y Meta eli­minaron sus departamentos internos dedicados a DEI para cumplir con las nuevas políticas federales (The Guardian, 2025). Mientras que, en el caso de Apple, la empresa optó por defender abiertamente su compro­miso con la diversidad, argumentando que una fuerza laboral diversa es clave para la innovación y el desem­peño empresarial (Jeyaretnam, 2025).

Ante esta incertidumbre, emergen dos tipos claros de actores: por un lado, organizaciones y empresas que decidieron adaptarse a las nuevas políticas, y por otro, aquellas que expresaron su descontento, pero respetando la investidura presidencial.

Donde las huellas de la DEI han sido borradas, ¿có­mo se puede mantener el compromiso con la inclusión y la diversidad sin depender únicamente de subsidios federales? La respuesta yace en los segundos actores, es decir, las empresas y organizaciones que han decidi­do escribir sus propias historias de inclusión integrando estos valores dentro de su cultura organizacional, sin importar si el clima político es favorable o no.

El misterio de las huellas borradas nos enseña algo crucial: aunque los fondos federales, estatales o mu­nicipales puedan desaparecer, la verdadera inclusión no depende exclusivamente de los fondos, sino de un compromiso organizacional genuino, consciente y sos­tenido.

Es momento de que tú, querido lector, tengas el po­der de restaurar estas huellas hacia nuevos caminos más inclusivos, justos y diversos, guiados por la fuerza de nuestras propias decisiones.

¡Comparte este artículo!
Descarga el artículo

CONTACTO


logo 85 Aniversario UDLAP

Teléfono

+52 (222) 229 20 00
Ext. 2708 / 4214

Privacy Preference Center