El dilema de los negocios en tiempos de Trump. Certidumbre con desventajas o incertidumbre con ventajas
Nada aterra más a los negocios y, por supuesto, a los inversionistas, que lo incierto. El empresariado tiene aversión al riesgo y este se incrementa exponencialmente ante la imposibilidad de saber lo que depara el futuro. La incertidumbre impide planear, colocar dinero con cierta confianza o incluso aplicar principios de administración que han probado su eficacia. Lo incierto destruye la infalibilidad de las actividades que de manera recurrente han demostrado que funcionan.
En una entrevista en vivo por Instagram en 2020, el empresario estadounidense Mark Cuban sorprendió al público al mencionar que prefería a Joe Biden sobre Donald Trump como presidente. La sorpresa del público se fundamentaba en que Trump había sido siempre el favorito de los empresarios, pues defendía los bajos impuestos, la eliminación de regulaciones y las políticas favorables a los negocios. En cambio, Biden era visto como una amenaza socialista, dada su cercanía con los sindicatos, su preferencia por el gasto social y su intención de frenar los abusos de las empresas. Toda persona cuerda intuía que Cuban se inclinaría por Trump. Al explicar la razón de su sorpresiva preferencia, Cuban la resumió en una breve frase: «la inestabilidad es lo peor para los negocios».
Biden garantizaba estabilidad; es decir, que no se alteraría el ambiente económico y político vigente. En cambio, Trump, con su premisa de sacudir todo lo que estaba mal en Estados Unidos, era un agente de la incertidumbre. Pese a las simpatías de Trump por el sector empresarial, cada cambio radical en la manera de hacer las cosas aumentaba los riesgos para hacer negocios. Por supuesto que, entre todas las acciones inciertas de su segundo mandato, ninguna superó al caos mundial que provocó la súbita aplicación de aranceles a diestra y siniestra, y sin consideración de si se trataba de viejos aliados o eternos enemigos.
La andanada de aranceles de Trump desquició el comercio internacional, altamente dependiente en Estados Unidos. Pero no fue lo único. Políticas agresivas, como aumentar la presión sobre países considerados hostiles, las amenazas hacia Canadá, el deseo de adquirir Groenlandia, o el incremento en el gasto militar, generaron en el mundo de los negocios una incertidumbre sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Por el momento, las empresas no saben si el estrecho de Ormuz en el Medio Oriente permanecerá abierto, si los aranceles caerán o crecerán, si la Unión Europea mantendrá su estrecha alianza con Estados Unidos o si optará por comerciar más con China. En fin, cada elemento político agrega un pesado ladrillo de incertidumbre sobre los planes del sector empresarial.
Si bien Trump ha sido el agente que más incertidumbreha generado, debemos considerar que el mundo ya mostraba una marcha acelerada hacia lo incierto, como resultado de tres grandes eventos: la invasión rusa de Ucrania, los ataques terroristas contra Israel que generaron una durísima reacción militar, y la gran tensión en el estrecho de Taiwán, donde permanece latente la posibilidad de una invasión china. Pero permanezcamos con Trump y con la premisa central que da título a este documento, y que se puede resumir a manera de pregunta: ¿qué opción es mejor para el empresariado: políticas supuestamente favorables a las empresas, pero que generan incertidumbre, o políticas no amigables hacia los negocios que mantienen la certidumbre?
Debido a las políticas favorables hacia los negocios implementadas por Trump, las bolsas han generado ganancias sin precedentes y las fortunas de los multimillonarios se han multiplicado. Sin embargo, hay una gran paradoja. El ambiente en el mundo de los negocios está muy lejos de ser festivo; por el contrario, imperan el nerviosismo y las quejas sobre la imposibilidad de planear. No es necesario ser un genio para comprender la razón de esta enorme contradicción. Lo repetimos nuevamente. Nada preocupa más a los negocios que lo incierto. Las ganancias del momento se pueden pulverizar en un abrir y cerrar de ojos. En el mundo de los negocios es preferible tener una mayor certidumbre que contar con las llaves del reino.
